Dic 06 2007
Dalt Vila, las Murallas, la Catedral (IV)
Dalt Vila, las Murallas, la Catedral (IV)
Tras este breve paréntesis sobre la figura de Isidor Macabich, retomamos nuestro camino y seguimos descendiendo por la calle principal para encontrarnos con 2 vías de salida: a la izquierda y hacia abajo, tenemos una calle adoquinada que va a parar a la Plaza de Vila; y a la derecha otra calle que asciende justamente entre el nervio de la muralla y que vuelve a descender entre un estrecho arco excavado en la muralla y acabado en unas escaleras que dan al “Teatro Pereira“, reconvertido hace un tiempo en bar musical con actuaciones en vivo, a unos 100 metros del Paseo Vara de Rey, verdadera “columna vertebral” entre la zona del puerto y el centro de la ciudad.
Llegando a la mencionada plaza, encontramos la casa natal de Marià Villangómez Llobet (Mariano Villangómez Llobet), escritor y poeta ibicenco, con una placa en su memoria.
Mariano Villangómez | Marià Villangómez

“Me llamo Marià Villangómez Llobet y nací en la ciudad de Eivissa el 10 de enero de 1913. En esta constatación podemos encontrar un comienzo de respuesta a una pregunta que debo contestar yo mismo: quién soy? Dejaré por insignificantes el día y el mes del año de nacimiento. No viene de un día ni de un mes con respecto a las características iniciales y al camino de la vida. Ni los astros ni sus dibujos en fantasiosas constelaciones —o el impulso de su movimiento— tuvieron ninguna preocupación respecto a mi manera de ser y mi futuro destino.
El año, pero, toma una singular importancia. 1913: esto significa que los míos ochenta y un años han transcurrido en pleno siglo XX y en gran parte de su duración, un seguido de terribles
convulsiones humanas y de veloces cambios, a un ritmo más y más rápido.
Si vemos la transformación desde mi tierra, la encontraremos también en el paso de una Eivissa antigua y lenta, como en mis años de niñez y de primera juventud, a un creciente panorama turístico. La condición de isleño, de hombre del Mediterráneo, es posible que haya influido en mi persona.”
Pisamos ya la Plaza de Vila, en la que encontramos también un curioso “surtido” de tiendecitas (souvenirs y recuerdos, moda, arte, artesanía, antigüedades…), bares y restaurantes de muy variado estilo y decoración.
La plaza se convierte en verano en una multicolor terraza de ambiente variado y espectacular colorido donde los más variopintos y curiosos personajes deambulan en busca de su momento de “vida”.
En invierno, como casi toda la zona el espacio está cubierto de un vacío especial roto de vez en cuando por la aparición de algún vecino o turista curioso que se adentra en las empinadas calles de la ciudad vieja.
La plaza tiene 4 salidas, (o entradas, según se mire), una es la que hemos seguido para entrar en ella, otra nos llevaría a la derecha, de nuevo a la zona de la muralla para encontrarnos con la vía que antes mencionamos; una tercera se adentra entre estrechas callejuelas en otro, digamos corazón, de Dalt Vila; y la última nos lleva a atravesar los arcos y portones de la entrada (La “Porta de Mar”), entre estatuas de la época romana y arcos y piedras medievales, para, al fín bajar hasta encontrarnos justamente frente y al lado de los mercados viejos, en la Calle Aníbal o calle “de las farmacias” (popularmente llamada así debido a la cantidad de establecimientos de este tipo en ella ubicados).
La Callle de La Virgen (en invierno, lógicamente vacía)
A la derecha se sitúa el mercado viejo del puerto (pescados, carnes, etc), bajo una callejuela de acceso a la ciudad vieja, Calle de La Virgen y camino a Dalt Vila de nuevo; y enfrente el mercado de verduras, flores, frutas, etc, ubicado en un edificio abierto con grandes columnas y rodeado de una plaza con todo tipo de comercios y bares con terrazas. Si seguimos recto (dejando a la izquierda la Calle Aníbal y a la derecha el mercado viejo), accederemos a la encrucijada que nos lleva, derecha, a la Calle Mayor y Calle de La Virgen, izquierda la plaza e Iglesia de San Telmo y enfrente el puerto de Ibiza con la estación marítima, donde encontramos algo sumamente curioso y “extraño”: El monumento a los corsarios.
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La entrada a las Murallas de Ibiza: “La Porta del Mar”:
La Porta del Mar estaba protegida por un puente levadizo y una cancela. En el interior del recinto se encontraba una plaza fortificada denominada “Plaza de Armas”, donde se situaba el Cuerpo de Guardia. Se trata de un espacio intermedio que antecedía al recinto urbano. Los guardias se colocaban en dos bancos integrados en el interior de una gran chimenea desde la cual vigilaban directamente la puerta de entrada.