Dic 09 2007
El Puerto de Ibiza: Carrer d’Enmig - Calle de “Enmedio”
El Carrer d’Enmig - La Calle de “Enmedio”
Bien, tras este “paréntesis” histórico-cultural sobre las murallas de Ibiza, (tomémoslo como un descanso en nuestro paseo por las calles de Ibiza), volvemos a nuestro recorrido donde lo habíamos dejado.
Habíamos cruzado la Porta del Mar, bajando desde la parte de la Catedral, atravesando la Plaza de Vila y hasta llegar a la Calle Aníbal, frente al mercado de frutas y verduras en las calles interiores de la zona del puerto de Ibiza.
Seguimos adelante para encontrarnos con la Calle de la Cruz y a la izquierda, a pocos metros del cruce de calles, la Iglesia de Sant Elm, que se eleva sobre la plaza del mismo nombre y lo que hace años era un convento/colegio frente a una de las calles que bordean la Iglesia. Aunque el nombre verdadero y original de Plaza e Iglesia es Sant Elm, en castellano “San Elmo“, por derivación pasó a unirse T con E y quedarse para mucha gente en San Telmo. Frente a la plazoleta bajo la iglesia, había hace años un colegio o parvulario de monjas, el que más arriba hemos mencionado, cuyo nombre me parece recordar era San Vicente Ferrer.

A la derecha, donde termina la Calle de la Cruz, volvemos a encontrarnos con la subida hacia nuestra “conocida” Calle de La Virgen a un lado y la entrada a la Calle de Enmig por otro. Este punto de confluencia de varias calles, como en toda la zona del puerto, en verano se convierte en un “nudo cruzado” con una increíble concentración de gente arriba y abajo, principalmente a partir de la caída de la tarde y durante toda la noche.
Nos acercamos hacia la Calle de Enmig dejando a la izquierda la que nos llevaría directamente a la estación marítima, sede de las “ventanillas” y consigna de los barcos y ferries de la península y Mallorca (donde vimos el curioso monumento de Ibiza a los Corsarios).
La Calle de Enmig, o “calle de los hippies” como la gente de Ibiza la ha denominado desde hace muchos años, transcurre paralela a la Calle de La Virgen, aunque a nivel de suelo. En ella también encontraremos multitud de comercios, bares, restaurantes y, sobre todo, puestos o mercadillos de artesanía, souvenirs, bisutería, etc, etc. Naturalmente, y al igual que las tiendas y establecimientos de restauración, en invierno no hay “ni rastro” de ellos.
Es realmente curiosa y sorpredente la variedad de “cachivaches” y artículos que se venden en los puestos de la calle. Desde finas y delicadas piezas de orfebrería hasta instrumentos musicales exóticos, inciensos, esculturas y tallas de madera, vestidos, telas, piedras, cuadros, música, velas, artículos de marroquinería, lámparas, juegos de ingenio, y un sinfín de “trastos” procedentes, al igual que sus fabricantes, artesanos y/o vendedores, de los más insólitos e insospechados rincones del mundo. Si eres un comprador compulsivo, necesitarás un camión, (y muchos euros, claro) para dar rienda suelta a tus caprichos y compulsiones. Como nota graciosa, decir que una de las sorpresas que te puedes llevar es que en algún “tenderete” puedes pagar con tarjeta de crédito.
Como he dicho antes, sorprende también la variedad étnica de los artesanos y vendedores que vamos viendo tras sus “expositores” de mercancías: suramericanos, africanos, asiáticos, europeos…
Un consejo, mirar bien antes de comprar algo, tal vez en otro puesto encuentres lo mismo a un precio muy inferior, o algo mucho mejor por el mismo precio. También deberíamos tener presente que muchos de los objetos que se venden como únicos y de artesanía, en realidad no lo son, así que conviene asegurarse de la autenticidad y originalidad antes de comprarlos.
No debemos abandonar la zona sin antes sentarnos en la terraza de alguno de los bares o restaurantes que encontraremos a lo largo de la calle o en las que la atraviesan. Es una experiencia inolvidable contemplar la constante “riada” de gente deambulando. Seguro que veremos los personajes, vestidos, y “looks” más sorpredentes y curiosos que hayamos imaginado nunca. Hasta Fellini se hubiera detenido para contemplar la escena.
La Calle de Enmig, en pleno verano, nos costará de atravesar por el ingente número de “paseantes” que se mueven arriba y abajo, así que nos lo tomamos con calma y seguimos adelante hasta llegar al final de la calle, a una plazoleta con los últimos restaurantes y bares de la zona. Estamos delante del muro de entrada al puerto de Ibiza y bajo la callejuela que nos llevaría de nuevo hacia la Calle de La Virgen. Desde aquí daremos la vuelta y volveremos por “la Marina” hasta la entrada de la zona portuaria, dejando el puerto de Ibiza a la derecha.
La Calle de Enmig en diciembre. Todo cerrado y nadie a la vista. Qué diferente del verano!
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